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El trovador Manuel García edita su nuevo álbum donde revitaliza y prosigue su propuesta de trova rock, como alguna vez él mismo la definió. “Témpera” resulta ser un disco reposado y austero donde el despojo sonoro llega casi a niveles insospechados, muy de acuerdo con el clima emocional de estas canciones. Todo un plan intimista que transmite mundos de desconcierto y búsqueda con los que se puede sintonizar o no, pero que no se puede objetar el profesionalismo y el compromiso con el que está realizado.
El disco ofrece canciones con el formato de pura voz y guitarra salvo en los tracks “Canción y Plegaria” donde usa un ensamble de cuerdas y otro par de temas en los que se apoya en el formato bajo, guitarra y batería. Manuel ha ganado terreno como letrista ya que algunos de sus textos alcanzan por momentos niveles de muy buena poesía, como lo señala esta estrofa: “ ¿Qué sombra hija de la noche/ cabalga en el alma mía/ se hace armaduras con mi nombre/ y busca su amor en el día?...” o en versos como: “Difícil hacer el amor sin sentir que nos agarramos a una tabla...”, logros verbales que nos ponen en camino de una referencia mayor y que demuestran que Manuel puede conjugar buenas ideas con un eficaz alcance verbal y darles a esos textos una hermosa sonoridad. El álbum podría representar muy bien cierto estado de melancolía individual y social de la generación a la que Manuel pertenece, ya que se vislumbra aquí en estos temas el vértice exacto de un paso hacia la adultez y las preocupaciones de una promoción que no ha encontrado su lugar ni en la época histórica en la que se sitúa como tampoco en la cultura o en la sensibilidad individual por donde transita. Un disco calmo, otoñal e intimista y donde la voz de García suena como un susurro, casi como un confidente, con un estilo vocal cuyo melodismo recuerda por momentos al Silvio de “Rabo de Nube”. Pero este clima emocional no excluye la posibilidad de transitar por otros ritmos que no sea el de la balada, ya que se oyen también citas al foxtrot, al bossa nova y al folk más recurrente de la posmodernidad. La presentación del disco es simplemente lindísima, un digipack extendible con un diseño gráfico precioso y un buen juego de fotografías de Manuel y su guitarra. El folleto que contiene las letras también aporta riqueza al concepto general del álbum. Ésta debe ser una de las mejores ediciones en compact-disc hechas por Alerce en los últimos años. Se nota un cuidado y una precisión que no escatimó en detalles. El sonido del disco es bueno y lo mismo su mezcla, ya que permite apreciar las letras de Manuel con toda su profundidad a pesar del timbre leve y bajo en volumen que el artista le imprime a su canto. Manuel García ha dado un paso adelante y no ha hecho concesiones ni un disco de canciones fáciles ni demagógicas. Habrá que esperar su próxima producción para apreciar si estamos ante uno de los cantautores mayores de la música popular chilena, o bien, ante un músico que se toma su tiempo y cuidado antes de comunicar lo que tiene que decir.
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