Javier Barría – Introducción a la geometría

Nada hace más sentido al escuchar lo nuevo de Javier Barría, que esa frase tan exacta y precisa de Jorge Drexler en la que “el cantautor y su computadora” son puestos magistralmente en relación de mutua necesidad y determinación…  tal como “el pastor y su afeitadora, o el arado, la rueda, el molino”.

Relación indivisible a estas alturas del siglo, pero que en “Introducción a la Geometría” se descubre como un sello distintivo para el trabajo de Barría: ya no son sólo las canciones, las letras o los finos arreglos de guitarra lo que destaca, ahora es también el sonido, el diseño timbrístico, los loops elegantes e imaginativos y un pulso que al acelerar su marcha acerca aún más a esta propuesta a un elegante pop de autor. A diferencia de entregas anteriores, aquí ya no está la intención de sonar como una banda tradicional (guitarra/bajo/batería), por el contrario, los arreglos y atmósferas que revisten las 11 canciones y que surgen fundamentalmente desde el recurso tecnológico, acentúan, destacan y aprovechan esta condición, dando como resultado una identidad sonora distinta, personal y acaso única (Autopista/ Sábado Solo/ Capital, entre otras).

Pero  lo anterior no debe prestarse para confusiones, porque este no es en lo absoluto un trabajo frío, rígido o mecánico. Nada de eso. Pues aquí la guitarra, acústica esta vez, y la hermosa voz de Barría, que parece haber encontrado en el susurro y la contención el mejor lugar para instalarse definitivamente, son  los elementos o hilos conductores fundamentales y  los que sutilmente van haciendo avanzar el disco. Y ahí está la genialidad creo yo: todo fluye, nada se nota. La naturalidad es completa.

A estas alturas ya nadie podría dudar del talento autoral de Barría, pero este disco marca un punto aparte y un salto cualitativo a mi juicio. Donde las letras han encontrado el exacto equilibrio entre la precisión descriptiva y la sugerencia elegante, esa que se dispara en sentidos impensados pero que a la vez jamás pierde el norte, pues siempre vuelve a anclarte al punto de partida: un objeto, un detalle, la cotidianidad de un espacio… todas excusas perfectas para construir canciones que resultan verdaderas piezas de colección.

Introducción a la Geometría” aparece en un punto en que la carrera del cantautor comienza a tomar un vuelo importante, después de 13 discos autoeditados, infinidad de conciertos y una energía impresionante al momento de  impulsar su propio trabajo, afirmar que “gastó su tiempo en canciones, lo que nunca es un gasto” (Venditas), resulta cierto, muy cierto…  tanto como que “no hay arte sin emoción, ni hay precisión sin artesania”.

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