Otoño – Al borde de la felicidad

La sencillez de los acordes y la tragedia en la voz del vocalista nos remiten a los antiguos trabajos de la Rue Morgue, pero con un toque de humildad, volviendo a los orígenes del sonido, a la esencia… puro corazón. Así mismo la estética del arte del disco da esa sensación, lo bello en lo más simple con una imagen movida en blanco y negro.

“Donde los autos no pueden llegar”, recuerda un poco a las letras de Javiera Mena, pero con un romanticismo menos púber, además este tema cuenta con experimentación y mezclas novedosas, intercalando frases en inglés –quizás asemejando una película antigua. La añoranza de éste y otros temas transportan a un estado de letargo y reflexión, donde los sentidos están más frescos y la mente abierta.

Hace seis años este dúo comenzó su camino, pero fue recién entre mayo del 2002 y diciembre del 2003 en que grabaron los temas de esta placa en casa. Marcelo Núñez en la guitarra, voz y teclados y su compañero, Enrique Moraga, en la guitarra rítmica. Además contaron con el apoyo de Walter Roblero (Congelador) en el bajo y algunas percusiones; así como de Rodrigo Mardones en algunos teclados y de Carlos Reinoso (Mostro).

“Cuando mis pulmones se llenan con tu aliento” lejos la frase más romántica que he escuchado en el último año pertenece al tema “Radiografía”, una melancólica, frágil y poética pieza escrita por Moraga, que calza perfectamente en el estilo sadcore. “Poco a poco” rescata algo el registro de Rodrigo Jarque, volviendo a la introspección, pero al mismo tiempo imprimiéndole el sello de Otoño con unos tonos menos.

La esperanza también forma parte de este disco, y se hace presente –más en el ritmo que en la letra- con el tema “Todo lo perdido”, y más en la letra que en el ritmo en “Al borde de la felicidad”. En tanto la pista “Día gris” está interpretada con fuerza y delicadeza, con un sabor agridulce en los labios, casi a lágrimas, dejando al desnudo a la banda.

El disco de diez pistas cierra con el tema que le da el nombre, una pieza osada, sobre todo en el segundo cuadro de la misma. “Al borde de la felicidad” pone el broche de oro a un trabajo que si bien es bastante triste y deprimente, está muy bien hecho, ideal para esos días donde el ánimo decae y se quiere ahogar la soledad en la música. En definitiva un trabajo muy delicado y sutil, cuidadoso y bien hecho, un infaltable.